Por Ramón Barreras Ferrán
Fotos: David Cília
Hacía muchos años que no estaba tanto tiempo en un aula como alumno. El pizarrón de las clases universitarias de hace unos cinco años se transformó de pronto en una silla con paleta, como la de aquella aula de sexto grado de la escuela primaria Pepito Tey, de mi Santa Clara de la infancia que nunca olvidaré.
Puntual, siempre puntual, como afirma con vehemencia un simpático personaje del programa humorístico “¿Juras decir la verdad?”, de la TV Cubana, entraba al local y ocupaba mi puesto. Éramos 36 periodistas de diferentes edades y de ocho países latinoamericanos, todos con el interés supremo de aprender.
Frente al grupo --heterogéneo por las nacionalidades y edades, pero casi homogéneo en la forma política de pensar-- los profesores, en ocasiones mucho más jóvenes que varios de nosotros, lograron despertar el interés por conocer la intríngulis de lo que han dado en llamar Periodismo de Investigación, y al que para mí –modestamente, por supuesto- le sobra el primer vocablo, porque Periodismo es uno solo, con muchas formas de hacerlo y presentarlo a los receptores.
En la Casa de la Prensa de Ciudad de La Habana.
Que si descubrir lo que está oculto, que si aplicar encuestas y organizar grupos focales, que si se debe precisar… Y el bolígrafo corría rápido por la agenda tratando de atraparlo todo porque las oportunidades de superación hay que aprovecharlas bien, máxime cuando tengas características tan acentuadas como este curso. El Instituto Internacional de Periodismo José Martí no fue un descubrimiento, pues con anterioridad había asistido a un Seminario sobre la Temporada Ciclónica.
Pero en esta ocasión me –nos- demostró mejor, quizás porque fue más tiempo, cuán importante es para su equipo de dirección que los asistentes a los cursos salgan más capacitados, mejor preparados y sobre todo, con el interés de seguir estudiando.
No quise –porque no lo consideré oportuno— indagar por el costo de cada uno de nosotros durante un mes de aula, excursiones y residencia confortable incluidas. No obstante, es fácil inferior que no debe resultar poco. Es que para los organizadores y para quienes concibieron el proyecto, el valor real es el que tiene que ver con la profesión, con el mejoramiento del quehacer periodístico, de “la pluma”, como gusta decir a muchos.
Confieso que aprendí, y que los más de 30 años de experiencia en la profesión sólo quedaron para el sustento, de base, para estudiar, para aprender con el fin de tratar de hacer un periodismo de más profundidad, investigación por medio hasta donde pueda llegarse, según cada caso.
Y aunque no les pregunté, se que así le ocurrió también a Diego, Laura, Alfredo y Nancy, de Ecuador; a Mauricio, Yenise, Érika y David, de México; a Sergio, de Guatemala; al joven Mario, de Costa Rica y a todos en fin, cubanos e invitados (la palabra extranjero quedó eliminada del lenguaje desde el primer día). El momento de recibir el Diploma por la terminación del curso y un excelente regalo: el libro Cien horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, fue para todos sólo el comienzo de un aprendizaje para el cual nunca es ni será tarde. Eso debemos agradecérselo al Instituto José Martí.
No sólo supimos más de periodismo, sino también nos acercamos a Martí, a Bolivar, a Eloy Alfaro, al Che… Conocimos e intercambiamos opiniones, experiencias y anécdotas sobre la vida y el periodismo en los países del área, y nos adentramos con profundidad meridiana, con la agudeza visual de los profesionales de la prensa, a la Cuba de hoy, con virtudes y defectos, logros y deficiencias, faro y ejemplo.
Fue un Diplomado con mayúsculas, y no por repetido el calificativo pierde valor en este caso.
Un mes bastó para que los 36 formáramos una familia de la cual costó mucho trabajo –y hasta lágrimas-- despegarse en los instantes del retorno. ¿Por qué?, me he preguntado posteriormente. Porque el Periodismo une, hermana…, porque para los latinoamericanos genuinos no existen las fronteras, ni las mal llamadas razas o etnias.
Sencillamente, América Latina es una sola. Y el XLI Diplomado Internacional de Periodismo de Investigación, organizado por el Instituto José Martí, en el corazón mismo de La Habana, lo demostró una vez más.
Puntual, siempre puntual, como afirma con vehemencia un simpático personaje del programa humorístico “¿Juras decir la verdad?”, de la TV Cubana, entraba al local y ocupaba mi puesto. Éramos 36 periodistas de diferentes edades y de ocho países latinoamericanos, todos con el interés supremo de aprender.
Frente al grupo --heterogéneo por las nacionalidades y edades, pero casi homogéneo en la forma política de pensar-- los profesores, en ocasiones mucho más jóvenes que varios de nosotros, lograron despertar el interés por conocer la intríngulis de lo que han dado en llamar Periodismo de Investigación, y al que para mí –modestamente, por supuesto- le sobra el primer vocablo, porque Periodismo es uno solo, con muchas formas de hacerlo y presentarlo a los receptores.
En la Casa de la Prensa de Ciudad de La Habana.
Que si descubrir lo que está oculto, que si aplicar encuestas y organizar grupos focales, que si se debe precisar… Y el bolígrafo corría rápido por la agenda tratando de atraparlo todo porque las oportunidades de superación hay que aprovecharlas bien, máxime cuando tengas características tan acentuadas como este curso. El Instituto Internacional de Periodismo José Martí no fue un descubrimiento, pues con anterioridad había asistido a un Seminario sobre la Temporada Ciclónica.
Pero en esta ocasión me –nos- demostró mejor, quizás porque fue más tiempo, cuán importante es para su equipo de dirección que los asistentes a los cursos salgan más capacitados, mejor preparados y sobre todo, con el interés de seguir estudiando.
No quise –porque no lo consideré oportuno— indagar por el costo de cada uno de nosotros durante un mes de aula, excursiones y residencia confortable incluidas. No obstante, es fácil inferior que no debe resultar poco. Es que para los organizadores y para quienes concibieron el proyecto, el valor real es el que tiene que ver con la profesión, con el mejoramiento del quehacer periodístico, de “la pluma”, como gusta decir a muchos.
Confieso que aprendí, y que los más de 30 años de experiencia en la profesión sólo quedaron para el sustento, de base, para estudiar, para aprender con el fin de tratar de hacer un periodismo de más profundidad, investigación por medio hasta donde pueda llegarse, según cada caso.
Y aunque no les pregunté, se que así le ocurrió también a Diego, Laura, Alfredo y Nancy, de Ecuador; a Mauricio, Yenise, Érika y David, de México; a Sergio, de Guatemala; al joven Mario, de Costa Rica y a todos en fin, cubanos e invitados (la palabra extranjero quedó eliminada del lenguaje desde el primer día). El momento de recibir el Diploma por la terminación del curso y un excelente regalo: el libro Cien horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, fue para todos sólo el comienzo de un aprendizaje para el cual nunca es ni será tarde. Eso debemos agradecérselo al Instituto José Martí.
No sólo supimos más de periodismo, sino también nos acercamos a Martí, a Bolivar, a Eloy Alfaro, al Che… Conocimos e intercambiamos opiniones, experiencias y anécdotas sobre la vida y el periodismo en los países del área, y nos adentramos con profundidad meridiana, con la agudeza visual de los profesionales de la prensa, a la Cuba de hoy, con virtudes y defectos, logros y deficiencias, faro y ejemplo.
Fue un Diplomado con mayúsculas, y no por repetido el calificativo pierde valor en este caso.
Un mes bastó para que los 36 formáramos una familia de la cual costó mucho trabajo –y hasta lágrimas-- despegarse en los instantes del retorno. ¿Por qué?, me he preguntado posteriormente. Porque el Periodismo une, hermana…, porque para los latinoamericanos genuinos no existen las fronteras, ni las mal llamadas razas o etnias.
Sencillamente, América Latina es una sola. Y el XLI Diplomado Internacional de Periodismo de Investigación, organizado por el Instituto José Martí, en el corazón mismo de La Habana, lo demostró una vez más.

1 comentarios:
Ramón: En horabuena decidiste tomar la iniciativa de publicar en el blog. Gracias por el aporte.
Un fuerte abrazo. Nos vemos por este medio.
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